Como hongo saprófito, la función biológica del Psilocybe es degradar materia orgánica y reintegrarla al ciclo de la vida.
Ensayo sobre la imposibilidad presenta tres urnas de cristal que contienen el mismo organismo —Psilocybe cubensis— en condiciones materiales distintas, en la primera urna, sobre estiércol bovino, el hongo coloniza y transforma el sustrato con normalidad. En la segunda, donde el soporte se divide entre materia orgánica y poliestireno expandido, el micelio avanza hasta encontrar el límite del polímero sintético, evidenciando una frontera visible entre lo degradable y lo persistente. En la tercera, compuesto únicamente por poliestireno, el crecimiento se ve drásticamente restringido.
La instalación opera como experimento expuesto: no representa la crisis ambiental, la demuestra. La transparencia del vidrio convierte el proceso en acto público y permite observar cómo un organismo esencial para el equilibrio ecológico se enfrenta a un material diseñado para resistir la descomposición.
Formalmente, la obra propone una progresión: vida que fluye, vida que se interrumpe, vida que se contiene. Conceptualmente, plantea una transición más inquietante: naturaleza, interferencia, imposibilidad.
El poliestireno aparece aquí despojado de su función cotidiana y revelado como materia incapaz de reintegrarse al ciclo biológico. La pieza plantea una pregunta fundamental: ¿Qué sucede cuando lo que producimos no puede volver a la tierra?
Más que una advertencia apocalíptica, la obra funciona como diagnóstico visual: una reflexión sobre los límites de la descomposición y las consecuencias de crear materiales que exceden la capacidad transformadora de la vida.













